¿CUÁNTO VALE LA NATURALEZA? @guaspcoach

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El precio de mercado de la naturaleza está basado en las posibilidades de transformar los recursos naturales en bienes y servicios, susceptibles de ser comercializados. Un territorio tiene determinado valor en función de lo que se puede cultivar en él, de su aptitud para el desarrollo inmobiliario, de su potencial para la cría de ganado, la explotación de leña o madera, etc.

El problema surge, por ejemplo, cuando la naturaleza no provee bienes tangibles (granos, madera, fruta, animales, etc.), sino servicios. En los últimos años se ha desarrollado el concepto de "servicios ambientales", que incluye aspectos tales como la provisión de agua y aire puros, el control de las crecidas de los ríos, y otros. Estos servicios constituyen beneficios concretos para la población humana, y son susceptibles de ser mensurados.

Otro ejemplo claro de un beneficio intangible es el eco-turismo, a través del cual los visitantes dejan dinero a los pobladores locales a cambio de visitar sitios con naturaleza prístina. Pero ¿qué sucede cuando el servicio provisto por la naturaleza no tiene relación concreta con la vida humana? Me refiero, por ejemplo, a un lugar en que no es posible evaluar la protección que el bosque le brinda a una cuenca hídrica, porque no hay poblaciones humanas que aprovechen el agua; o un sitio de naturaleza virgen que, debido a su aislamiento, no está en condiciones de recibir visitantes, y por lo tanto no puede brindar rédito económico en el corto plazo.

En estos casos, la valoración de los bienes y servicios se complica, y también se hace difícil asignarle a la tierra un valor pecuniario. Aparecen, incluso, situaciones contradictorias: un bosque que representa un obstáculo para un agricultor, constituye un paraíso para un trabajador retirado, que quiere vivir sus últimos años en contacto íntimo con la naturaleza…

Vemos entonces que a medida que desaparece la posibilidad de valorar económicamente la productividad de la tierra y sus recursos, aparece la incertidumbre, y también la importancia particular que cada ser humano le atribuye a la naturaleza sobre la base de sus valores personales.

Los sueños humanos no tienen precio. Conozco personas que han trabajado toda su vida para comprar su propio "paraíso natural", donde pasarán el resto de sus días. No cambiarían esa tierra por todo el oro del mundo, pues para ellos ese trozo de naturaleza vale más que el oro. Saben que el tiempo es finito, y eligen pasarlo como se les antoja. Y esa posibilidad no tiene precio.

Nuestra sociedad, eminentemente mercantilista, cede a la tentación de ponerle precio a todo. Sin embargo, debemos tener presente que hay dos valores clave, que no tienen precio de mercado, ya que dependen de la importancia particular que les asigne cada persona: la vida humana (que depende de la naturaleza), y la naturaleza. Porque sin vida y sin naturaleza, ¿de qué sirve el dinero?

 

Jorge Guasp

Master en Gestión Ambiental – Coach

Autor de los libros ¿Dónde está mi Felicidad? y El Huemul

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