LA ABUNDANCIA EN LA NATURALEZA Y NUESTRA OBSESIÓN POR LAS PERTENENCIAS
Los pájaros son ricos. Tienen millones de árboles a su disposición para hacer sus nidos. Poseen abundancia de gusanos, semillas y otros alimentos. Pueden escoger el agua que beben. Son dueños del suelo y del cielo; pueden volar con libertad, posarse donde quieran… Pueden mojarse cuando llueve, o guarecerse de la lluvia. Pueden abandonar el nido cuando lo desean, y construir otro. Pueden migrar cuando hace frío, en busca de ambientes más templados.
A diferencia de los animales, los hombres nos obsesionamos con tener bienes que nos pertenezcan sólo a nosotros. No nos sentimos ricos cuando compartimos, sino cuando poseemos. Y paradójicamente, con frecuencia lo que tenemos nos vuelve esclavos, pues tememos perderlo.
Parte del deseo de contar con pertenencias tiene relación con nuestra seguridad. Nos sentimos más confiados si tenemos bienes o dinero que de algún modo garanticen un futuro sin sobresaltos. Esta idea es comprensible, y tiene cierto sentido; aunque sabemos que muchos millonarios han muerto antes de lo previsto, y ni siquiera su fortuna y los mejores médicos del mundo lograron salvarlos.
Otro motivo de nuestro deseo de posesión es el poder: la idea de que somos superiores a los demás porque tenemos más que ellos, como si lo que somos tuviera relación con los bienes que poseemos. Aunque un pájaro carpintero tuviera una casa de madera en lugar de un agujero en un tronco, seguiría siendo el mismo pájaro. Y lo mismo sucede con nosotros; es sólo que la ilusión de ser más por tener más es tan poderosa, que nos dejamos seducir por ella.
A menudo no disfrutamos de aquello que nos pertenece porque también les pertenece a otros, y esa idea nos desagrada. Perdemos más tiempo quizá en perseguir posesiones y en cuidarlas, que en gozar de ellas.
Hay personas que viven en pequeños veleros, o en casillas rodantes. No se aferran a lo poco que poseen; y tienen todo el mundo a su disposición. Son dueños del mar, mientras los demás trabajan afanosamente para adueñarse de un departamento. Son amos de un rincón perdido, en el que no se puede construir una hostería, pero sí es posible estacionar una casilla o camioneta en la cual para pasar el fin de semana. No viven para poseer, sino para ser. No esperan tener para disfrutar.
Cada vez que salgo al campo en bicicleta, pienso lo mismo: ¡cuántas cosas tengo sin tener nada! Y entonces me pregunto: ¿acaso disfrutamos de lo que tenemos a disposición, o sólo queremos poseer más para ser más que otros?
Contemplemos a los animales y aprendamos de ellos a disfrutar de la naturaleza, un patrimonio gratuito que nos pertenece a todos, y del cual depende nuestra vida y la de otros seres vivos.
Jorge Guasp
Master en Gestión Ambiental y Coach
Autor de los libros ¿Dónde está mi Felicidad? y El Huemul
Fuente: LA ABUNDANCIA EN LA NATURALEZA Y NUESTRA OBSESIÓN POR LAS PERTENENCIAS.