USTED QUE ES FAMOSO, ¿PODRÍA DECIRME QUÉ HACER CON MI VIDA? | @guaspcoach

10:05 a.m. 0 Comments A + a -


En la cultura actual, las opiniones vertidas por personas muy conocidas (y no necesariamente reconocidas) se convierten muchas veces en verdades, aunque con frecuencia el único respaldo de esas opiniones sea sólo la popularidad de quien las expresa.

Si el presidente de un país importante dijera públicamente que le gustan mis libros, es probable que cientos de personas salieran a comprarlos. ¿Sabe ese presidente sobre literatura? Quizá no. ¿Qué le gusten a él implica que mis libros sean buenos? Definitivamente no. Sin embargo, sería para mí una publicidad muy valiosa. Muchas personas pensarían que mis libros dicen algo importante (aunque algunas de ellas los hubieran leído sin encontrar nada interesante en ellos). De hecho, así funciona la publicidad: un famoso declara que usa determinado tipo de perfume, y el producto se vende por ese motivo. ¿No sabemos, acaso, que a ese famoso le pagan por decir que el perfume es bueno? Sí, la mayoría lo sabe. Sin embargo, millones de personas lo compran igual.

Les damos autoridad a las personas por su grado de exposición pública, y no tanto por lo que dicen. Me atrevería a sostener que con frecuencia no somos capaces de discernir si ciertos mensajes son interesantes por su contenido, o sólo porque quien los pronuncia es popular. Creemos que algunas personas se han vuelto famosas gracias o lo que saben o hacen. Pero con frecuencia sucede al revés: es la fama la que crea en ellos habilidades ficticias.

En virtud de que la fama otorga autoridad, quienes siguen a alguien popular confían en su palabra. Los famosos que aparecen en programas de radio y televisión, y responden preguntas de los oyentes, no son conscientes quizá del riesgo que implica hacer recomendaciones acerca de la vida de alguien que no conocen, y de quien sólo han escuchado una mera consulta, sin tener siquiera la posibilidad de indagar acerca de la situación que se esconde detrás de lo que se dice al aire.

Acabo de leer una entrevista en la cual una famosa psicóloga, seguida masivamente por muchas personas que quieren saber qué hacer con su relación de pareja, declara haber tenido una relación muy tóxica durante varios años luego de su separación (experiencia que en mi opinión pone en tela de juicio su autoridad sobre el tema). Los ejemplos de periodistas que dan consejos a sus oyentes son frecuentes. Una mujer cuenta al aire que su marido la trata mal, y la conductora del programa radial le sugiere de inmediato que lo abandone, utilizando su consejo para hacer una apología del feminismo y de la independencia emocional de las mujeres. ¿Acaso sabe esa periodista qué hay detrás de ese marido que "trata mal" a su esposa? ¿Qué significa "tratarla mal"? ¿Será que él le pega, le grita, no la escucha o no la lleva a cenar afuera? Podríamos preguntarle al marido, además, qué piensa de su mujer. Pero está claro que el programa no brinda esa oportunidad. Lo más sencillo es sacar conclusiones apresuradas, sin contar con elementos de juicio, y dar consejos rápidos y concluyentes. De todos modos, es muy probable que la conductora no vuelva a saber sobre esa oyente, y se sienta feliz de haberla ayudado a deshacerse de su malévolo marido. Y es factible también que esa oyente se divorcie de quien "la trata mal", argumentando que se lo sugirió su conductora radial favorita.

Preguntarles a los demás y seguir sus consejos es cómodo, pero mucho menos satisfactorio que decidir por cuenta propia. Cuando alguien nos dice qué hacer, está vedando nuestras posibilidades de aprender. Y aunque quien nos aconseje sea famoso, su fama no le garantiza autoridad, menos aún sobre nuestra vida.

Sólo siendo autónomos podemos hacer nuestro propio camino, y dejar huella en el mundo. El viaje solitario es tan doloroso como gratificante. Si queremos llevar una vida original en todo sentido, debemos correr riesgos y tomar decisiones basadas en nuestros propios juicios. Si actuamos apoyándonos en lo que los demás opinan acerca de nuestra existencia, lo más probable es que acabemos teniendo la vida que otros (tal vez famosos) hubieran vivido en nuestro lugar; pero no la que nosotros mismos anhelamos experimentar.

 

Jorge Guasp

Autor de ¿Dónde está mi Felicidad?, El Huemul y Sabiduría Natural

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